De mis días de confinamiento

— María Teresa Quintero

Han transcurrido los días, algunos días desbordada de información, noticias de diferentes medios. Con la euforia del momento, acompañada por cierta incertidumbre por desconocer lo que se avecinaba.

Llegué a mi país con la intención de pasar unos días de vacaciones junto a mi familia, sin ser consciente de lo que en España dejaba en cuanto a la pandemia.

Al llegar al aeropuerto me sorprendí ver los servicios médicos tomando la temperatura a todos los que entrábamos al país. Aún no era consciente que el coronavirus venía pisándome los talones. Con la alegría de los reencuentros, os podéis imaginar, besos, abrazos, conversaciones, paseos, todo normal como siempre.

Tengo que decir, que tenía casi dos meses de no seguir noticias de ningún medio. En España las noticias estaban centradas en la política y realmente consideraba un tiempo perdido y aburrido. Algo escuché de un virus en China, si os soy sincera, se me hacía hasta difícil pronunciar su nombre. Qué había un caso en Estados Unidos, eso lo vi en las pantallas del aeropuerto mientras esperaba las conexiones de mi vuelo.

Llegué a visitar a mi madre, una ancianita de 92 años, enferma de Altzeimer, al verla la abracé y besé igual a toda mi familia y amigos que encontré. Aquella viejecita besa mis manos cuando le digo que soy su hija María, sonríe y no para de besarme, a pesar que está totalmente perdida en esa enfermedad que la consume; pero hay algo grandioso es el Amor de una Madre. Ella sintió que su hija había vuelto y que estaba ahí junto a ella. No quiero ni pensar si yo hubiese sido portadora del virus. ¿Os imagináis?

Todo transcurre con normalidad, viajes, noches de luna llena en la playa, encuentros, cenas, risas, regalos, etc.

Poco a poco van llegando noticias, la pandemia llegó a Panamá, un profesor de un instituto se encontró con un amigo que regresaba de España el día que yo entro a Panamá, fue la primera víctima.

Y de repente voy siendo consciente de la realidad, porque hasta ahora estaba eufórica por volver a mi tierra.

La situación se torna más crítica cuando se decreta el cierre de fronteras, y el espacio aéreo, digo ¡Guao que esto va en serio! Me llegan noticias que están muriendo personas en España, y otros países.

Pensé son medidas de precaución, esto no se puede alargar, es cuando se da inicio a una toma de conciencia real de lo que está ocurriendo. Quédate en Casa, Cuarentena, lo que serían unas vacaciones con viaje al Caribe, se trunca y empiezo a consultar con las agencias donde compré los billetes y solicitar los reembolsos correspondientes.

Y siguen llegando noticias de España, dónde me dicen que fallecen personas muy queridas. No doy credibilidad a lo que escucho.

Y empieza una cuenta atrás, a buscar alternativas para aprovechar el tiempo, me ha tocado pasar este confinamiento en casa de mi hermano, conviviendo con Eva mi cuñada y Kelly mi sobrina, en condiciones muy favorables, creo que privilegiada, pero sin poder salir, cumpliendo las normas impuestas.

Tenía previsto presentar en España mi primer poemario en mayo, poco a poco veo que lo tendré que posponer; eso realmente no me entristece, procuro no centrarme en las dificultades y buscar alternativas, reconociendo el problema o contratiempo, una de las virtudes es no desesperar en la adversidad, sonreír y caminar hacia adelante o simplemente parar.

Me uno al dolor de las personas que han perdido a algún familiar, a esas personas mayores que lucharon porque hoy disfrutemos de unos derechos humanos y laborales. Soy inmigrante en España y me gusta conocer su historia y trayectoria. Esas personas mayores conocidas o no, merecen todo nuestro respeto. Todos en general mayores o no, me gustaría pensar que no son un número más, son personas con nombre y apellido, con una familia que no han podido acompañar en sus últimos momentos de vida.

Creo que estoy aprendiendo mucho de éste confinamiento, sacando lo mejor de mí, con muchos momentos de silencios, meditación, lecturas, conversaciones.

Quiero ser positiva, reconociendo que no será fácil volver a la normalidad, esa vida que considerábamos normal de proyectos, competitividad, acumulación y derroche.

Todo se detuvo, la naturaleza necesitaba un respiro, hacía falta el silencio. Tengo mi descendencia en Europa, mis hijos y nietas. Quiero volver a recorrer esas calles de Agurain, caminos de Euskadi, serán diferente las formas, estoy segura que habrá un sentimiento de reconocimiento a lo vulnerable que somos, algo ha cambiado en el interior de cada uno de nosotros, ojalá sea para bien de todas y todos.

Panamá, 3 de Mayo de 2020.

Ez dago iruzkinik / No hay comentarios

Iruzkina publikatu / Publica un comentario